Archive for the Crítica Category

La sombra del poder

Posted in Crítica on 19 abril 2009 by David

La nueva pelicula del escocés Kevin Macdonald, experto documentalista que debutó hace tres años en el largometraje de ficción con el entretenido, pero finalmente superficial e intrascendente, El último rey de Escocia, relato del estrafalario y terrible dictador de Uganda Idi Amin, da la mano a los quizá dos oficios más denostados que existen en la actualidad, la política y el periodismo. Macdonald y sus guionistas construyen una compleja trama que disecciona los finos tentáculos del poder, su intrincada maraña de intrigas, su rendida pleitesía a los intereses de las grandes empresas disfrazada de servicio al ciudadano. Y es que el mundo que describe Macdonald no podría ser más real. Es éste el mundo de las altas esferas, el ferozmente capitalizado que amenaza con hacer eso mismo con la seguridad nacional e internacional al dejarla en manos de las empresas privadas. En el mundo real muchas de las atrocidades perpetradas en Irak o Afganistan no son cometidos por soldados del ejército sino por miembros de empresas privadas, contratistas del Departamento de Defensa formadas por militares retirados y en muchos casos con antecedentes psiquiátricos. En el futuro esas contratistas podrían hacerse con la seguridad también en territorio americano. Estados Unidos amenaza con privatizar, tal y como ocurre desde siempre con la sanidad, la seguridad de sus ciudadanos. Pero si esta advertencia es uno de los pilares de esta película, no lo es menos su brillante análisis de la situación del periodismo y más concretamente del periodismo impreso, y de cómo éste ya está íntimamente ligado a los mismos intereses antes citados.

Helen Mirren, Rachel McAdams y Russell Crowe.

Helen Mirren, Rachel McAdams y Russell Crowe.

En este sentido La sombra del poder se revela como un honesto homenaje a una forma de hacer periodismo y a un profesional de esta forma de comunicación que está a punto de extinguirse, aniquilado por el voraz avance de Internet y sus blogs, exterminado por el consumo rápido, el gusto por lo sensacionalista, por el affaire amoroso del político más que por las leyes que ha respaldado. La sombra del poder supone la despedida definitiva al diario impreso a la vez que la reivindicación más enérgica de una forma de hacer periodismo comprometido y responsable a la vez que peligrosa (y es que el periodismo sólo es peligroso cuando se hace bien). En ese sentido el siempre formidable Russell Crowe encarna a un héroe de otros tiempos, un incansable buscador de la verdad cuyo susurro de desesperación pronto será ahogado por los gritos del último rumor propagado por la red, cuya mirada reflexiva y sosegada de las cosas pronto será enturbiada por la acuciante necesidad de la primicia y de anticiparse a la competencia. La sombra del poder dibuja el futuro más oscuro imaginable para el periodismo, un futuro en el que el valor de la prensa no tendrá nada que ver con el número de políticos corruptos derribados, ni con la denuncia, ni con la verdad, sino con el número de usuarios de la edición Web, un futuro en el que las redacciones tradicionales serán estrechadas progresivamente hasta su desintegración, ocupadas por trasnochados gordinflones de barba descuidada que duermen sobre sus teclados y sueñan con los tiempos en los que la prensa era el cuarto poder para alguien más que para un político adultero.

Russell Crowe y Ben Affleck.

Russell Crowe y Ben Affleck.

Para el resto, es decir los que no son periodistas, o estudiantes de periodismo, o para los que no les importa una mierda nada, podrán disfrutar de un thriller modélico con algún subrayado innecesario para hacer más digerible una trama que nunca deja de complicarse y que depara más de un giro de guión imprevisible y nunca gratuito. Es La sombra del poder uno de los mejores thrillers con implicaciones políticas y económicas que recuerdo, quizá el mejor desde que Michael Mann rodará también con Russell Crowe de protagonista esa Obra Maestra llamada El dilema. Hasta un felizmente recuperado Ben Affleck brilla en el papel del político comprometido vencido por las circunstancias y el descrédito. Frenético, sorprendente, adulto e inteligente desde el primer al último minuto. Así es esta cinta hecha para toda persona con conciencia. Para los periodistas o para quienes quieran serlo, debería ser desde ya su película de cabecera, y la cinta a la que deberían acudir como si de una prescripción médica se tratara cuando lleguen los nubarrones.

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Traidor

Posted in Crítica on 30 marzo 2009 by David

Si hay un subgénero cinematográfico especialemente activo en los últimos años es el thriller de espionaje, y es que el 11-s ha reavivado una temática algo olvidada tras el cese de la Guerra Fría. Son muchas las producciones que han sabido aprovechar el filón de la paranoia de la práctica totalidad de los países occidentales frente a la amenza global del terrorismo islámico. Este es precisamente el caso de Traidor, cinta que ha pasado sin pena ni gloria en Estados Unidos, y lo mismo ocurrirá en el resto del mundo, pero que sin embargo está muy por encima de la calidad media de las películas de espionaje post 11-s. Traidor no innova nada ni desde el punto de vista argumental, ni desde una perspectiva narrativa, pero está contada con mucho más oficio, eficacia, y sobre todo modestia, que la mayoría de cintas políticas sobre la coyuntura mundial posterior a los atentados del 11 de septiembre. Contiene todos los elementos clásicos: el infiltrado cuya identidad es desconocida para el propio F.B.I, la doble identidad, el espía perseguido por sus propios aliados, la devoción religiosa extrema, el terrorismo como peligro imprevisto global, la sensación de inseguridad perpetua, la paranoia catastrofista…

Don Cheadle.

Don Cheadle.

Poco tiene que ver Traidor, aunque sus tramas compartan numerosos nexos de unión, con la cinta de Ridley Scott estrenada hace sólo unos meses, Red de mentiras (cuya crítica se puede leer en este mismo blog). Si bien el film dirigido por el debutante Jeffrey Nachmanoff introduce varios apuntes políticos aderezados con una visión bastante compasiva del terrorismo islamista en la que dibuja una línea divisoria entre el bien y el mal, la demencia yihadista y la “heroica” labor de los servicios de inteligencia occidentales, bastante difusa (sin cargar las tintas contra nadie, o si se prefiere, cargandolas contra todo el mundo), no se trata ni mucho menos de una película denuncia o de una sesuda digresión sobre el conflicto entre civilizaciones (esto último era lo que pretendía la cinta protagonizada por Leonardo DiCaprio, la cual fracaso estrepitosamente en ese sentido), sino de puro cine espectáculo, narrado sin estridencias y con elegancia, sin giros argumentales imposibles, salvo su magistral final, y con un clasicismo poco visto en los últimos tiempos de desaforada inventiva. Quizá las breves y escasas escenas de acción flojean un poco, en parte porque beben demasiado del estilo cámara en mano puesto de moda acertadamente por la saga Bourne, pero que en Traidor resultan bastante confusas y anticlimáticas.

Guy Pearce.

Guy Pearce.

Traidor no aporta nada original, salvo el hecho de que el espía protagonista sea un musulman tan devoto como los terroristas a los que pretende detener, detalle que confiere de cierta complejidad a una película que nunca va de importante o trascendental, sino de perfecto divertimento para una aburrida tarde de domingo. Es su falta de pretensiones, su contención narrativa y dramática, el excelente trabajo del actor protagonista, un Don Cheadle capaz de dar, gracias a su intensísima mirada, una dimensión mayor a su personaje de la que tenía sobre el papel, lo que nos hace olvidar los numerosos, pero nunca definitivos, defectos y tópicos que acumula la cinta. Especialmente rocambolesca es la imagen que los norteamericanos tienen de España y que queda reflejada en el episodio posterior al atentado que tiene lugar en Marbella, tras el cual se muestran las supuestas instalaciones de nuestros servicios secretos. Una vez más y van…, se demuestra que no nos toman por un país europeo, sino por un lugar perdido en Sudamérica. Si se perdonan estos fallos, el espectador podrá disfrutar de una de las películas más entretenidas e inmediatamente olvidables de la cartelera. Los que quieran ver un mucho más profundo análisis del estado de las cosas a escala global, que vean la muy superior, pero infinitamente mas aburrida, Syriana, y los que deseen aunar epectáculo del bueno y una excelente crítica de un mundo que enloquece por momentos que ven la saga Bourne, especialmente la última entrega, el thriller de espionaje definitivo.

The Visitor

Posted in Crítica on 15 marzo 2009 by David

Hay películas que merecen ser vistas por el mero hecho de aportar una visión más amable a los conflictos sociales. En tiempos tan rabiosos como estos, en los que de forma absurda se trata de politizar cualquier cosa, se agradece la llegada de una cinta tan modesta y humanista como The Visitor, viaje espiritual de un profesor universitario deprimido desde su viudedaz, que encuentra un sentido a su vida cuando regresa a Nueva York para dar una conferencia y descubre que en su apartamento de Manhattan, que no visita desde hace 25 años, habita una pareja de inmigrantes, él, sirio, y ella, senegalesa, que viven allí después de que alguien que se hizo pasar por un amigo del propietario les alquilara la vivienda. Desde ese momento, y especialmente entre el sirio y el profesor, se establecerá una conexión especial, donde el tambor africano, instrumento que toca el primero, tendrá una importancia trascendental. The Visitor es una película de humildes aspiraciones. No pretende ser una muestra de cine militante o comprometido, ni ser el discurso definitivo sobre la inmigración, pero tras su contencion se esconde un ejercicio de denuncia mucho más eficaz que el de cualquier cinta con vocación claramente política.

Richard Jenkins y Haaz Sleiman.

Richard Jenkins y Haaz Sleiman.

The Visitor es la clase de película que siempre pasará desapercibida. No atraerá a al público que busque un furioso alegato contra la indiferencia del sistema respecto al fenómeno inmigratorio, ni a los que busquen un drama desgarrado sobre la madurez y sus estragos. El personaje protagonista no podría ser más (deliberadamente) anodino y la trama no ofrece demasiadas sorpresas, no obstante no es difícil preveer como se desarrollará la siguiente escena. La dirección es bastante plana y despersonalizada y en definitiva carece de cualquier recurso efectista que la acerque al gran público. Y sin embargo la sensación final que deja en el espectador es la de haber visto una película agradable y entrañable, que apuesta por la conciliación, más que por la confrontación, por afrontar las miserias de nuestra mundo y su resolución desde una perspectiva más individualizada que social (¿y es que cuantos pierden el tiempo al tratar de solucionarlo todo a la vez mediante grandes movilizaciones, en lugar de ocuparse de cada caso particular?).

Richard Jenkins y Hiam Abbass.

Richard Jenkins y Hiam Abbass.

Y al buen resultado de esta película contribuye en gran medido su prodigioso actor protagonista, cuya interpretación le valió una merecida nominación al Oscar en la pasada edición. Richard Jenkins, habitualmente secundario de lujo, demuestra aquí que no es necesario exagerar para encarar un personaje y remarcar sus emociones. Con una economía gestual sensacional, a Jenkins le basta su mera presencia para atisbar entre los problemas de comunicación de su personaje a un hombre con ganas de experimentar nuevas sensaciones tras la muerte de su esposa, a un hombre bueno que no sabe como demostrar su generosidad hasta que conoce a la pareja de inmigrantes que despiertan en él una segunda juventud. En definitiva, The Visitor no pasará a la historia en ningún aspecto, no contiene ninguna escena que quede grabada a fuego en la memoria del espectador, pero en su conjunto es una de las película más coherentes, adultas y finalmente valientes (y es que su tesis: que nadie, en situación legal o no, puede ser expulsado de un país, más si cabe cuando todo su vida se encuentra ya en el lugar de acogida, es bastante impopular) de la cartelera. The Visitor es cine comprometido del bueno, del que no se mira en el espejo y se dice, “mirad que generoso soy”, del honesto, del que no alardea de absolutamente nada.

Watchmen

Posted in Crítica on 8 marzo 2009 by David
Patrick Wilson

Patrick Wilson

No he leído el cómic (o novela gráfica, que dirían los puristas) de Alan Moore en el que se basa Watchmen. Muchos de estos lectores sostienen que es la mejor historieta jamás escrita y dibujada, pero yo me limitaré a criticar la transformación al celuloide que ha llevado a cabo Zack Snyder, uno de los realizadores más prometedores de la actualidad, tal y como demostró en 300, una película machista y homófoba donde las haya, pero dotada de una visceralidad única, y sobre todo en los diez primeros y brillantes minutos de Amanecer de los muertos, notable revisión del clásico de George A. Romero en cuyo arranque alcanzaba la grandeza de un cineasta inquieto que siempre apuesta por nuevas formas de expresión. Watchmen no se aparta demasiado de esta línea transgresora, y es que muchos decían que era la única novela gráfica que no se podía filmar. Excesiva, apasionada, irregular, en ocasiones confusa y atropellada, Watchmen no es una película para todos los gustos. Los que esperen acción a raudales y heroísmo de la vieja escuela difícilmente podrán entrar en el universo decadente que describen Moore y Snyder. Aún así su preciosista y ensimismada puesta en escena con constante uso de la cámara lenta y una perfecta conjugación con la música, en la que destacan temas de Bob Dylan, Leonard Cohen y Simmon and Garfunkel, mantendrá embelesados a una gran parte del público. El resto, el más exigente, podrá ver entre tanta parafernalia, un relato sombrío y de gran complejidad moral. Y es que ésta no es la historia de superhéroes que salvan a la humanidad con total abnegación, es la historia de superhéroes hartos de serlo, de otros que han perdido la fe al haber presenciado lo peor de la naturaleza humana, de otros que han perdido semejante condición y se preguntan si merecemos ser salvados.

Ambientada a los años 80, en unos Estados Unidos alternativos en los que los yanquis ganaron en Vietnam, Richard Nixon va por su quinta reelección como Presidente, la Guerra Fría se halla en el momento de mayor tensión y las calles se han convertido en un campo de batalla y de depravación, Watchmen está más cerca de la nueva saga de Batman, en especial de El Caballero Oscuro, que de cualquier cómic clásico como Superman o Spiderman. Las películas basadas en las viñetas de superhéroes han entrado en una nueva generación, donde el espectáculo pirotécnico y la épica han dejado paso a las dudas existencialistas y a la redefinición del héroe, desde su imagen virtuosa de protector de los amenazados y sostén moral de la humanidad a la de soporte siniestro y atormentado de todas las culpas y pecados del hombre. En ese sentido la escena en la que uno de estos “héroes”, capaz de frenar una hipotética lluvia de misiles nucleares enviados desde la Unión Soviética, reflexiona desde Marte sobre la perfección del planeta rojo debido precisamente a su ausencia de vida resulta tan desquiciante y absurda como perturbadora. En Watchmen la pregunta que se hacen los héroes ya no es “¿cómo salvaremos a la humanidad?”, sino “¿hay algo que salvar?”.

Malin Akerman.

Malin Akerman.

Pero no todo es acertado en esta película cuya mejor baza son sus adultas intenciones, rematadas con un final, que si bien peca de explicito y discursivo, plantea un dilema moral de espeluznantes concomitancias con la realidad actual. Watchmen parece en todo momento una película mutilada por las ambiciones comerciales de productores que supeditan los supuestos intereses del público a la visión de un autor con una idea muy clara de lo que debe ser su obra. Debieron respetar las casi cuatro horas de duración que Snyder había previsto para Watchmen y que sí se incluirán en la versión que saldrá a la venta en DVD, y no las algo menos de tres horas que finalmente han salido a la luz en las pantallas de cine. Esto hace que la película parezca inconclusa, que los personajes, así como sus motivaciones, no cuenten con el desarrollo que merecían y que la acción avance a trompicones. Si a esto se añade un reparto insípido en el que sólo destaca Jackie Earle Haley, un actor extraordinario cuyo extraño físico le ha relegado siempre a papeles muy secundarios (recomiendo el visionado de Juegos Secretos, en la que interpreta a un pedófilo para ver una de las mejores y más subyugantes actuaciones de los últimos años), se percibe fácilmente que Watchmen es una película que esconde mucho más talento de lo que se atreve a mostrar.

El luchador

Posted in Crítica on 22 febrero 2009 by David

Muchos dirán que El luchador es una película en la que apenas ocurre nada, que es previsible y que su historia acerca del fracaso y la derrota ha sido contada hasta la saciedad, y probablemente sea así, pero pocas veces se ha hecho de una forma tan honesta. Los que quieran disfrutar de una película sobre la épica de la lucha libre, será mejor que se abstengan de verla. No es ésta una cinta sobre tan popular “deporte”, aunque en su primera media hora se muestre en todo su esplendor, crudeza y miseria, y es que si bien es de sobra conocida la farsa que representa, el hecho de que todo esté amañado y coreografiado no resta profundidad a las heridas, tanto físicas como emocionales. Es fuera del cuadrilatero donde estos gladiadores libran su batalla definitiva: contra los dolores de espalda, la adicción a las drogas, los barbitúricos, la morfina, los infartos de miocardio, las perdidas súbitas de memoria, las deudas…, pero sobre todo contra el olvido.

Mickey Rourke.

El luchador no habría sido posible sin Mickey Rourke. Pocas veces se asiste a una mímesis entre actor y personaje tan exacta como ésta. Lo que hace Rourke (que el domingo ganará el Oscar con todo merecimiento) está mucho más allá del elogio. Es lo más parecido a no actuar en absoluto. Quizá porque su rostro, arrasado por su afición al boxeo (que practicó de forma cuasi-profesional en los años 90), el bótox y la cirujía, sea la viva imagen de la derrota y el deseo por volver a la cima, quizá porque él sepa mejor que nadie lo que supone acariciar el cielo para acto seguido descendender al infierno y como en el segundo el calor es mucho más intenso cuando se ha conocido el primero. Pero lo mismo se puede decir de una fantástica Marisa Tomei (que también merece el Oscar, pero se lo llevará injustamente Penélope Cruz), que desborda encanto y amargura en las mismas dosis en su papel de streaper que ya puede adivinar su ocaso ante el empuje de las nuevas generaciones. Los dos se han equivocado una y otra vez, han tirado sus vidas a la basura y los dos despiertan una ternura infinita en el público, al menos en quien esto escribe. Es ésta una historia sobre la dignidad del perdedor, sobre como las personas no saben quienes son realmente y cual es su valor hasta que no han tocado fondo.

Marisa Tomei y Mickey Rourke.

Marisa Tomei y Mickey Rourke.

El luchador, que está rodada con una sencillez insólita para un realizador tan ególatra y acostumbrado a volcar toda su vanidad en sus películas como es Darren Aronofsky (Pi, Requiem por un sueño, La fuente de la vida), duele desde el primer al último fotograma, y cuando termina y la pantalla funde a negro, justo antes de que aparezcan los créditos y con ellos el extraordinario tema que Bruce Springsteen ha compuesto para la ocasión, el espectador se siente de alguna forma distinto, desolado y aliviado al mismo tiempo, lacerado y sanado, humillado y redimido. Y si el efecto de esta película es tan perturbador y emotivo y se siente de una forma tan personal es porque habla de algo tan inevitable como la propia muerte, la decadencia y su intrínseca nostalgia, y porque a pesar de su apariencia melancólica no podría ser más optimista. El luchador no aporta nada al lenguaje cinematográfico ni a la historia del cine. Nunca será una película de culto como son las anteriores y muy inferiores obras de su autor, pero sí demuestra algo esencial: que no son necesarios grandes presupuestos, ni siquiera grandes ideas para hacer una Obra Maestra, tan solo ser honesto.

Slumdog Millionaire

Posted in Crítica on 14 febrero 2009 by David

Slumdog Millionaire, la película que ganará el Oscar en la máxima categoría el próximo fin de semana de forma algo inmerecida porque no es ni mucho menos la mejor de las cinco candidatas, posee una serie de elementos que deberian condernarla al olvido más inmediato. Su trama peca de una falta de credibilidad pasmosa, algo que trata de disimular con su discurso acerca de los designios del destino, pero que no es más que el abuso reiterado de un recurso que en el cine debería quedar relegado a contadas ocasiones: la casualidad; su historia de amor adolece de un simplismo infantil, casi de cuento de hadas, los personajes están descritos de forma maniquea, siendo los villanos una caricatura grotesca y el héroe de la función un hátajo de virtudes (en este sentido el personaje mejor retratado es el del hermano), y en definitiva estamos ante una película que huye de cualquier complejidad ética, filosófica o intelectual, algo que sacrifica en favor de la estetica y el espectaculo.

Mahesh Manjrekar.

No se debe ver Slumdog Millionaire con los defectos citados en el primer párrafo en mente. No es esta una película para reflexionar mientras se ve, ni después de su visionado. No precisa de un análisis pormenorizado y concienzudo porque la cinta que dirige el británico Danny Boyle es la expresión del cine en estado puro, en su manifestación más primigenea. Aquella en la que no debes hacer otra cosa que sentarte y disfrutar, sin hacerte preguntas, sin cuestionar absolutamente nada y rindiendote a este entretenidisimo viaje por las entrañas de la India. Colorista, luminosos, hipertrófica, emocionante, así es esta película que no cede ni un segundo de descanso al espectador. Boyle dirige con una vitalidad apabullante, nos empapa del contrate paisajístico y económico de la India y más concretamente Bombay. Los rascacielos crecen junto a las chavolas, la opulencia intenta ocultar al mundo la putrefacción hasta convertir a este lugar en la meca de Bollywood y la informática. Y es que si alguna lectura profunda se puede sacar de esta película es su nada edulcorada o idealizada visión de la India (y por extensión de otros países que en los últimos años se han unido de forma falsaria al grupo de los desarrollados, caso también de China), donde la riquza se amasa gracias a una explotación al más puro estilo Oliver Twist.

Dev Patel.

Dev Patel.

Así pues Slumdog Millionaire es una película con numerosos fallos, todos ellos en el guión, aunque éste parte de una idea original, fresca y brillante y su estructura, siempre dinámica, mantenga la tensión y la intriga hasta el final. Pero poco importa cuendo la dirección (en este aspecto Danny Boyle sí será el justo ganador del Oscar), la banda sonora, la fotografía, el montaje… se conjugan a la perfección hasta lograr una sintonía que sólo puede calificarse de poética y fascinantemente hermosa. Quizá la visión global de la cinta no sea tan satisfactoria como se preveía, pero es indudable que cada escena por separado es una obra de arte, un derroche visual y sonoro abrumador que hacen que esta película vaya dirigida más a los sentidos y al corazón que al intelecto, y dicen que en eso consiste cualquier expresión artística. No esperen la Obra Maestra que la mayoría de los críticos dicen que es. Para el que esto escribe está lejos de serlo, pero no obstante los que vayan a verla (es imprescindible hacerlo en el cine, de lo contrario no tendría sentido) podrán deleitarse con dos de las horas más frenéticas y amenas de sus vidas, y no es poco.

El desafío: Frost contra Nixon

Posted in Crítica on 13 febrero 2009 by David

No era de esperar que un cineasta habitualmente tan blando y acamedicista como Ron Howard terminara haciendo una película como El desafío: Frost contra Nixon. Y es que al responsable de Una mente maravillosa, por la que ganó una de los Oscars más cuestionados de la historia, acomete en esta ocasión una empresa valiente y para nada propia de lo que parecía un director acomodado en el Star System de la industria hollywodiense. La cinta contenía todos los ingredientes necesarios para fracasar y ser repudiada por crítica y público: una historia, el caso Watergate, de sobras conocida y sobrexplotada por el cine, una trama, la de las entrevistas que el periodista británico David Frost hizo al ex-presidente Richard Nixon tres años después de su dimisión, en apariencia trivial y escasamente soprendente dado su desenlace, sino conocido, si al menos previsible, y una temática intrínseca a las entrañas de la política y la sociedad estadounidense, pero a simple vista ajena a la audiencia foránea.

Michael Sheen y Frank Langella.

Michael Sheen y Frank Langella.

Sin embargo y contra todo pronóstico, Howard y su guionista, Peter Morgan, han sabido dotar a El desafío: Frost contra Nixon, de una vitalidad y de una vigencia que desentierra esta historia del subconsciente colectivo para convertirla en un documento esencial para conocer los mecanismos del poder y de la televisión, para comprobar como son dos elementos en íntima relación. Y es que una de las mayores alicientes de esta vibrante película es precisamente asistir a la encarnizada batalla entre dos pesos pesados (uno de la política y otro de la televisión) que intentan sacar tajada el uno del otro. Uno retransmititiendo su mensaje a una audiencia global para recuperar la credibilidad y el poder perdido y el otro realizando un retrato de las interioridades y de la corrupción del poder para obtener fama y prestigio internacional al haber logrado la entrevista del siglo y haber juzgado al hombre que ningún tribunal había podido procesar.

Frnak Langella y detrás Michael Sheen.

Frank Langella y detrás, Michael Sheen.

El desafío: Frost contra Nixon es por tanto mucho más que un recorrido por unos hechos históricos que marcaron el sentido y el futuro de la política y la televisión mundial. Es un relato de plena actualidad y además un perfecto psicoanálisis de una de las personalidades políticas más controvertidas de la historia de Norteamerica. Y es que aquí Nixon no es mostrado como un sanguinario mandatario responsable de la escalada de violencia en Vietnam y Camboya, ni como el tipo sin escrupulos que ordenó y encubrió el caso Watergate, sino como un hombre, avido de poder, sí, pero también como un persona que intentaba hacer lo correcto y se equivocó. Es ésta una película de claroscuros, acerca de la responsabilidad y las tentaciones del poder, algo que Frank Langella expresa con asombrosa precisión y que eleva a esta cinta a la categoría de una de las mejores del año. No se dejen engañar por lo que parece una aburrido film político acerca de sucesos ya pasadas. El desafío: Frost contra Nixon tiene la viveza y la emoción del mejor combate de boxeo.