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La presidencia de los Estados Unidos, una oscura tentación no sólo en la vida real

Posted in Reportaje on 4 noviembre 2008 by David

Hoy se decide quien será el presidente de los Estados Unidos durante los próximos cuatro años. El cargo público más influyente del mundo no ha sido ajeno a lo largo de la historia del cine a numerosas películas que han analizado los peligros y tentaciones del poder. Uno de los más populares, no obstante una reciente encuesta le situaba como el preferido para el público norteamericano, es Harrison Ford. El celebre interprete de Indiana Jones representaba en 1997 en Air Force One (El avión del presidente) una suerte de John McCane, el actual candidato a la presidencia de los Estados Unidos por el partido republicano. Ford simbolizaba en la película de Wolfgang Petersen al patriota americano y heróico al tener que rescatar a su familia, secuestrada en el avión presidencial por terroristas rusos, una historia similar a la de McCane, que fue secuestrado y torturado durante la guerra de Vietnam.

Gary Oldman y Harrison Ford en una escena de Air Force One.

Gary Oldman y Harrison Ford en una escena de "Air Force One".

Un año antes Clint Eastwood había mostrado la antítesis de la figura presidencial ofrecida por Ford, en Poder absoluto, cinta que recreaba el lado más oscuro del poder, el que liga a los altos mandatarios y sus servicios secretos con el crimen y el terrorismo de Estado. En la película, Gene Hackman interpretaba al presidente, que ordena el asesinato de una mujer, el cual es presenciado por un ladrón de guante blanco. Entre medias se encontraba el simpático y bonachón, pero algo mezquino presidente interpretado por John Travolta en 1998 en la película de Mike Nichols, Primary Colors. El interprete de Fiebre del sabado noche daba vida al candidato y finalmente presidente, presumiblemente por el partido demócrata, que en las elecciones primarias se veía asaltado por un escandalo sexual. Ni el aspecto físico de Travolta, con el cabello canoso, ni la historia ocultaban que aquello era sólo una sátira encubierta de la polémica sexual que salpicó al Presidente Bill Clinton, así como de la red de mentiras que empañan las campañas electorales norteamericanas con el fin de arañar unos cuantos votos.

Emma Thompson y John Travolta en una escena de Primary Colors.

Emma Thompson y John Travolta en una escena de "Primary Colors".

El cine de ciencia ficción y catastrofes ha ofrecido una visión del presidente de los Estados Unidos como sustento y referente moral de una humanidad en estado de desintegración. Este es el caso de Bill Pullman en la película de Roland Emmerich, Independence Day. El interprete de Carretera perdida era una de las últimas esperanzas (llega incluso a pilotar un avión de guerra en su lucha contra los marcianos) para un planeta que debía afrontar la amenaza de una invasión extraterrestre. Similar era el caso de Morgan Freeman en Deep Impact, sólo que en esta ocasión la amenaza venía de un meteorito que iba a estrellarse contra la tierra. Además Morgan Freeman supuso el precedente de Barack Obama como el primer presidente cinematográfico de raza negra. Pero no sólo los dramas, thrillers o las películas de acción han acaparado la presencia del presidente de los Estados Unidos. Si un género ha sido especialmente proclive a contar con tan ilustre personaje, ese ha sido la comedia. Kevin Kline interpretó al presidente o al menos a alguien que debe hacerse pasar por él debido a su parecido físico y a un repentino ataque sufrido por el mandatario, en la película de Ivan Reitman, Dave, presidente por un día. Dennis Quaid también interpretó a otro peculiar presidente en la comedia de Paul Weitz, American Dreamz. El responsable de Un niño grande, caricaturiza la figura de George W. Bush, en especial su carácter dócil y manipulable a las manos de Willem Dafoe, personaje con claros paralelismos con Dick Cheney. Pero si un presidente cómico ha expresado con su interpretación todos los tics y la sobreactuación de los políticos, ese ha sido Jack Nicholson en Mars Attacks de Tim Burton, una especie de reverso humorístico y paródico de Independence Day. Ni siquiera la comedia romántica ha sido sido ajena a las desventuras del presidente. Tal es el caso de El presidente y Miss Wade, en la que Rob Reiner dirige a Michael Douglas en el papel de un presidente viudo que se enamora de una consultora de una importante organización ecologista.

Jack Nicholson en una escena de Mars Attacks.

Jack Nicholson en una escena de "Mars Attacks".

Uno de los temas que más presencia ha tenido en el cine sobre la política presidencial es el de la rivalidad con la Unión Soviética o con la Rusia postcomunista. Este ultimo caso es el de Pánico nuclear, última película de la saga protagonizada por el agente ficticio de la CIA, Jack Ryan (Ben Affleck), en la que James Cromwell encarna al presidente de los Estados Unidos, a punto de entrar en guerra contra Rusia después de que unos terroristas neonazis hicieran estallar una cabeza nuclear y hacerlo pasar por un ataque de los rusos. Un argumento similar, pero desde el punto de vista satírico es el que utilizó Stanley Kubrick en plena guerra fría para ofrecer su visión del conflicto, plagada de tensas relaciones que penden de un hilo, en ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, donde el presidente, interpretado por Peter Sellers debía aclarar un malentendido con la Unión Soviética después de que uno de sus generales ordenara un ataque aéreo sospresa contra el país comunista.

Peter Sellers en una escena de "¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú".

Peter Sellers en una escena de "¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú".

Pero si algo siempre ha obsesiano a Hollywood es el tema del magnicidio. En los últimos meses se ha barajado la posibilidad de que Barack Obama será asesinado si llega al cargo de presidente de Estados Unidos. Pero ya en el cine se ha tratado con frecuencia la muerte violenta de uno de estos gobernantes, ya sea con referentes reales o ficticios. Inspirada en hechos reales y especulaciones varias fue la reconstrucción que Oliver Stone llevó a cabo del asesinato de John Fitgerald Kennedy en J.F.K.: caso abierto, a partir de las investigaciones del fiscal de Nueva Orleans que llegó a conectar el crimen con los exiliados cubanos, la mafia y los servicios secretos. En la película nadie interpretaba al presidente, eran las imagenes de archivo las que ilustraban uno de los crimenes que más conmocionaron a Norteamérica. Similar fue el caso de Bobby, el retrato coral que Emilio Estevez filmó de las esperanzas puestas en el candidato a la presidencia Robert F. Kennedy, hermano del anterior, que murió asesinado en un hotel en el que se disponía a pronunciar un discurso, pocos días después del asesinato de Martin Luther King. Los sueños de una nueva América se esfumaban con tan notables perdidas. Pero las historias ficticias también han caído en la fascinación por el asesinato del presidente. La película de Pete Travis, En el punto de mira, narraba el intento de acabar con el presidente de Estados Unidos, interpretado por William Hurt  durante una cumbre en Salamanca, a manos de terroristas islámicos. E incluso el desconocido intento de asesinato de Richard Nixon por parte de un ciudadano corriente, de nombre Sam Bicke, que quiso estrellar un avión comercial contra la Casa Blanca, fue recreado en la película de Niels Mueller, El asesinato de Richard Nixon. Pero el caso más extraño es el de Muerte de un presidente, falso documental que reconstruye un hipotético asesinato de George W. Bush. Numerosos han sido los actores que han interpretados a presidentes reales a lo largo de la historia del cine, desde el Abraham Lincoln encarnado por Henry Fonda en la película de John Ford, El joven Lincoln (Lincoln ha sido el presidente más veces llevado a la pantalla. Antes lo hizo D.W. Griffith con Walter Huston en el papel del presidente), al rebelde y alcoholico y finalmente fanático cristiano George W. Bush, que interpreta Josh Brolin en la recientemente estrenada en Estados Unidos, W., de Oliver Stone. Entre ellos se encuentran el Nixon atormentado y superado por el caso Watergate y las protestas contra la guerra de Vietnam, que encarna Anthony Hopkins a las ordenes de Oliver Stone, un especialista de la política nortemericana, en la película Nixon (pronto llegará a las pantallas una nueva biografía del polémico mandatario en Frost/Nixon, dirigida por Ron Howard y con Frank Langella recogiendo el testigo de Hopkins) o el John Fitgerald Kennedy en plena crisis de los misiles cubanos que interpreta Bruce Greenwood en 13 días, de Roger Donaldson.

Anthony Hopkins en una escena de Nixon.

Anthony Hopkins en una escena de "Nixon".

Heroísmo, patriotismo, soledad, tentación y corrupción han sido temas tratados a lo largo de la historia del cine con el presidente como personaje. Fieles reconstrucciones biográficas, sátiras desenfadadas, thrillers conspiratorios…, ningún tratamiento ha sido descartado para narrar las contradicciones y secretos mejor guardados del poder.

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Los videojuegos, nueva fuente de inspiración de Hollywood

Posted in Reportaje on 20 octubre 2008 by David

La semana pasada llegó a los cines españoles y norteamericanos uno de esos estrenos internacionales simultaneos que tanto abundan desde hace unos pocos años con el fin de evitar la influencia que las malas críticas de la prensa especializada pueda tener en el público. Se trata de Max Payne y como era de esperar no ha contado con el beneplacito de los expertos, pero sí del público norteamericano a tenor de los 18 millones de dólares recaudados en sólo tres días. Max Payne es una muestra más de la crisis creativa en la que está inmersa la meca del cine, la cual cada vez con mayor frecuencia recurre a las revisiones de sus clásicos o películas recientes de otras nacionalidades, secuelas y precuelas de sus grandes éxitos, adaptaciones literarias y del comic, de videojuegos…, en detrimento de las ideas originales. Max Payne es la traslación cinematográfica del videojuego del mismo nombre, en lo que constituye un nuevo ejemplo de un fenómeno relativamente reciente, que se ha intensificado desde la entrada del nuevo milenio.

Mark Wahlberg en una escena de "Max Payne".

Mark Wahlberg en una escena de "Max Payne".

Puede que la causa no sea sólo la crisis de inspiración, sino la garantía que ofrece el videojuego desde un punto de vista económico, y es que desde hace unos años esta industria no sólo ha superado a la del cine y la música, sino que genera más ingresos que estas dos juntas. Así pues, todo parece indicar que las adaptaciones de éxitos de las videoconsolas sólo son una estrategia destinada a asegurar como potencial consumidor a un público cada vez más amplio y que cada vez ocupa un mayor espectro de edades, el de los amantes de los videojuegos. Por otra parte, estos han ganado en los últimos años en complejidad, incluyendo tramas muy elaboradas, que las igualan a las que pueden verse en una pantalla de cine, con lo que la adaptación se ha hecho más sencilla.

Hay que remontarse a 1993 para hallar la primera adaptación al cine de un videojuego. Se trata de uno de los más populares de la historia e icono de la compañía Nintendo, Super Mario Bros. La película fue un sonado fracaso comercial y crítico, pero desde ese instante las versiones cinematográficas de videojuegos se sucedieron sin descanso.

John Leguizamo y Bob Hoskins en "Super Mario Bros".

John Leguizamo y Bob Hoskins en "Super Mario Bros".

Un año después llegaría Street Fighter, otro fracaso estrepitoso para uno de los juegos de más exito de las maquinas recreativas. En 1995 llegaría el primer éxito comercial, que no crítico, de una traslación al celuloide de un videojuego. Se trata de Mortal Kombat, que conoció una secuela dos años después. En 1998 llegaría otro éxito rotundo, el de la adpatación de Pokemon, que también fue objeto de varias secuelas. Estas dos sagas dieron inicio además a la simbiosis entre cine y videojuegos que continua hasta nuestros días, y es que el traspaso al cine posibilita la venta de merchandising y más copias del juego en cuestión. Si bien la primera Mortal Kombat ingresó 70 millones de dólares sólo en Estados Unidos, las ventas de todo el concepto ascienden a cuatro billones. En el caso de Pokemon, desde su nacimiento en 1996, se estima que el total recaudado de todos sus productos es de quince billones de dólares.

Pero el punto de inflexión se produjo en 2001, cuando se estrenó Lara Croft: Tomb Raider, que también conoció una secuela dos años después. La película protagonizada por Angelina Jolie reacaudó 131 millones de dólares en Estados Unidos y como sus predecesoras no consiguió pasar el corte de la crítica. Al año siguiente entraría en escena otro éxito, el de la adaptación de la celebre saga de zombies, Resident Evil, susceptible de dos secuelas, todas protagonizadas por Milla Jocovich.

Angelina Jolie como Lara Croft.

En los años siguientes se estrenaron éxitos moderados o fracasos relativos como Doom, Silent Hill o Hitman, e incluso surgió un director que se ha especializado en la realización de adaptaciones de viedeojuegos, todas ellas vapuleadas por la crítica. Se trata de Uwe Boll, responsable de House of the dead, Alone in the dark y BloodRayne.

En los próximos meses seguirán estrenandose adaptaciones como una nueva versión de Street fighter, Tekken o El príncipe de Persia y ya se preparan otras tantas de Splinter Cell, Halo y Metal Gear Solid.

Hasta el momento y a excepción de Silent Hill, que sí asumió riesgos creativos, aunque con resultados discutibles, las películas basadas en videojuegos no han sido más que una forma fácil y rápida para los estudios de sacar a la luz su ración anual de películas de consumo adolescente, una vez las ideas se agotaron y los antiguos heroes de acción (Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger o Bruce Willis) de los 80 perdieron el favor del público. A pesar de todo y de su evidente atractivo para las nuevas generaciones, son pocas las versiones de videojuegos que han obtenido un éxito comercial claro.